LA FORMULA PARA SUPERAR EL MIEDO
“No nos afecta lo que nos sucede, sino lo que nos decimos sobre lo que nos sucede.” — Epicteto
Yo siento miedo.
Esa caminata en las competencias de natación, desde donde agrupan a los nadadores en cada serie, es un momento en el que siento miedo; y no se detiene: incluso antes de montarme en el partidor, mientras espero que suene el disparo.
Hace poco nadé por primera vez los 800 metros libres en un campeonato nacional de natación; estaba en shock. ¿Y si salgo muy rápido y me quemo? ¿Y si, por cuidarme, termino haciéndolo muy lento? ¿Y si se me caen las gafas?
Los corrales donde nos organizan a los corredores antes de una maratón también me dan miedo. Ni hablar de los partidos importantes de fútbol, cuando había que ganar sí o sí: esas mariposas en la panza solo se iban cuando el partido arrancaba.
También esa sensación de responsabilidad ante una reunión importante, un negocio grande del cual dependen tus resultados, esa presentación que es vital y que posiblemente sea la única oportunidad que tengas con determinada audiencia: son escenarios en los cuales también siento miedo.
¿Por qué sentimos miedo?
Por una simple y sencilla razón: porque somos humanos. Y nuestra humanidad viene con miedo incorporado que nos protege; sin miedo no duraríamos una hora en este planeta.
Nuestra mente siempre nos está presentando los peores escenarios: nos quiere proteger.
LA REFLEXIÓN
La principal conclusión que debemos tener es que todos sentimos miedo. No sé cómo lo ves tú, pero, en mi caso, tener conciencia de que todos tenemos miedo es algo que a mí me ayuda. Lo normaliza. No soy “yo”, no hay nada malo conmigo: es nuestra naturaleza.
Aceptémoslo: es un tema fisiológico.
Entonces, a partir de allí, la búsqueda —y es lo que te voy a enseñar hoy— es encontrar la receta para no solo superar el miedo, sino también sacarle ventaja; algo que se puede, y te voy a mostrar cómo. Solo debes llegar al final de esta newsletter.
La principal razón de sentirlo es porque estamos enfocados en el resultado: en perder el partido, en cometer un error en la competencia que te haga fracasar, en perder el negocio, en cómo te va a recibir tu jefe cuando le digas que no lo lograste. ¿Me van a despedir?
EL APRENDIZAJE
Aquí la fórmula, simple y clara. Si la causa está en estar enfocados en el resultado, la solución está en enfocarnos en el proceso. Tan sencillo como esto.
Te doy varios ejemplos a ver cómo te suenan, todos reales.
Cuando jugaba fútbol:
Me enfocaba en tres cosas: tener las rodillas ligeramente dobladas; siempre saber o tener, mínimo, dos opciones a quién darle la pelota cuando la recibiera; y saber con certeza dónde estaban ubicados los rivales en el campo. Fíjate en algo importante: para estas tres acciones no se necesitaba mayor habilidad futbolística. Esto hizo que pudiera tomar mejores decisiones más rápido y con una mayor reacción; además, mi cabeza no tenía espacio para pensar en el resultado.
En las competencias de natación:
También tres cosas: saltar, arqueando el cuerpo; que los brazos toquen la cabeza por los lados para hacer “flecha”; y, en el agua, primera patada de mariposa y, al ir subiendo, patada de libre.
Recientemente, fui a una cita de negocios. Algo similar: me enfoqué en conocer a mi interlocutor a través de los elementos que hay en su oficina, su expresión, su lenguaje no verbal y a través de preguntas; igualmente, en conocer su trayectoria: qué lo movilizaba, qué dificultades ha tenido, entender su expectativa de gestión y, por último, mi cabeza estaba en generar conexión.
Entonces, si tu miedo nace de estar pensando en el resultado (outcome), en cómo va a salir todo, pero tú, por el contrario, estás enfocado en el proceso, te olvidas del resultado y el miedo desaparece.
La secuencia, técnicamente, funciona de la siguiente manera:
Viene un pensamiento. Ejemplo: “Si pierdo este negocio, estoy frito”.
El pensamiento te genera una experiencia: posiblemente el sentimiento de estar frito.
La experiencia te genera una emoción: miedo.
Nuevamente, si tu pensamiento está en interactuar, la secuencia cambia completamente.
LA EJECUCIÓN
Sea lo que sea que hagas, elige entre tres y cinco acciones clave de proceso que te van a llevar a conseguir el resultado. Con menos de tres, tu mente va a tener posibilidad de estar pensando en otra cosa, posiblemente el resultado; con más de cinco, te vas a perder por tanta información.
Escríbelas en un papel; cuando haces esto, tu cerebro lo interioriza. Apréndetelas. Y, por último, enfócate en ejecutarlas.
Te aseguro algo: si eliges bien los elementos del proceso y te enfocas en ejecutarlos, los resultados se te van a dar. No tengas duda alguna de esto.
¿Te animas a implementarlo? Y, mejor aún, ¿te animas a enviarme tus comentarios una vez lo hagas?
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Un abrazo apretado,
Miguel Rozo